En Bogotá estamos agradecidos de tener documentos sonoros tan vigentes como este. Nos hacen recordar la emoción de salir del colegio o estar en la universidad, con las ganas de ver algo en vivo. De salir y sentir que había un aire, un sentimiento o algo que dejaba entrever una especial fe en las bandas y en los sonidos que en la ciudad se generaban. Corría 1995 y Danny Dodge, una banda con una voz femenina acompañada de tres mentalidades musicales (tan variadas como complementarias) lanzaba su primer y único casete y disco compacto, llamado Edad Senil. Eran Iseult en la voz, Daniel Jones en la guitarra, Pepino en el bajo y Guguillo en la batería. Cualquier semejanza con la formación de Pixies, era nada más que un resultado del destino. Cualquier semejanza con la emoción de la velocidad, es intencional, puesto que su nombre provenía de un viejo Dodge Dart de 1974 que servía de transporte de Daniel Jones.
Así como estamos agradecidos por este documento, agradecemos el que aún existan conciertos donde se ven bandas por cinco mil pesos, en locales en condiciones iguales o peores que en 1995. Así que con solo saber buscar, por cinco mil pesos, desde 1993 se ha tenido el pasaporte a la emoción. Por cinco mil pesos se han podido ver una, dos, tres y hasta cuatro ó cinco bandas en vivo. Por cinco mil pesos se ha visto metal, hip hop, reggae, jazz, punk, ska y alguna otra cosa.
Danny Dodge vino a aparecer en ese 1995 maravilloso. Un año que nos presentó algo impensable. Una emisora dedicada a presentar rock y sonidos contemporáneos, con sonidos hechos en nuestro país, como lo fue 99.1 (La Frecuencia Joven de la Radiodifusora Nacional de Colombia) y que además era financiada por el estado. Y como si fuera poco, un festival dedicado a presentar las bandas más importantes del momento en la ciudad, con invitados nacionales y otros de fuera de él. Se trataba de Rock al Parque, mismo festival que de bendito y maldito tiene todo. Y la historia nos hace recordar a una banda que sonaba fresca, como una banda dispuesta a jugar a la vida y a divertirse cantando. Allí se les vio felices, porque con su música para qué iba uno a pensar en los problemas diarios. Con tan solo ver a su cantante, no importaba que rompiera corazones a diestra y siniestra, porque para eso cantaba bonito.
Danny Dodge fue una banda que cantó en español y en inglés, no conociendo así fronteras en su público. Se les vio tocando en bares, en locales y en conciertos donde el público disfrutaba sus melodiosas canciones y pogueba las fuertes. Se vieron niñas también en los pogos, dándole así un carácter más apacible a esa ordalía de patadas y puños que a veces se veía en esa danza. Nunca pretendieron que su sonido fuera punk, pero bien se armaba la fiesta de patadas, puños y contusos en sus presentaciones. Para durar poco menos de dos años en el circuito, dejaron grandes anécdotas. Algunas nos traen el recuerdo de un concierto con la agrupación Sin Salida en un batallón militar, donde los militares y sus esposas bailaban las canciones de esta banda como si fueran merengue dominicano. En una ocasión en Cali, la gente se bajaba los pantalones emulando ser Bart Simpson, y de esta manera capturaban la atención para que tocaran más canciones. O esta otra, cuando se hizo el lanzamiento de la banda como proyecto de mercadeo en el Politécnico Grancolombiano. Mientras la banda tocaba, se armó un pogo que dejó como resultado a la decana de la facultad en una zanja y a un profesor dándose puños con una asistente. O el recuerdo de aquella ocasión que fueron a Medellín y se hospedaron en una finca de un narcotraficante, donde los trataron a cuerpo de rey, pero donde por las noches se oían disparos y gritos.
Edad Senil fue ese disco que nos hizo sentir que las lecciones de Pixies habían tenido un eco en este recodo de los Andes. Cancioncitas de amor, de la vida diaria, con simpleza y belleza. De hecho, el disco fue grabado en vivo en una finca en Chinauta, y las voces en un estudio capitalino. Esa misma década fue un campo fértil en bandas y toques en la ciudad, mismos que quienes vimos, recordamos con esmero y por la imposibilidad de ser repetidos y el no deseo de permanecer en el recuerdo, dejamos que las nuevas generaciones tengan sus propios héroes.
Esta reseña © José Enrique Plata M.
© 2003–2010 EJE Records
Bogotá, Colombia | contacto