
Comienza el día bogotano con una mañana gris, calmada y plena de aire viciado. Ahora que los efectos de la contaminación, el calentamiento global y otras situaciones climáticas hacen que los 2600 metros de altura sobre el nivel del mar que tiene Bogotá se vean como una ciudad cuyo cielo convive con la claridad y la oscuridad en la mañana y en la tarde; hay que buscar otras formas de entender la belleza. Algo que sea más acorde con la realidad, que sea capaz de atentar bellamente con lo ya pensado y que sea capaz de sostenerse indivisiblemente con un pilar moldeable.
Así es como llego a pensar que este primer disco de The Jesus and Mary Chain representa esa belleza agitada, donde la melodía, el descontrol y el ruido se combinan para hacer algo que se mueve rápidamente. Hace ya veintidós años se publicó este disco por parte del entonces cuarteto escocés, formado por los hermanos Jim y William Reid, Douglas Heart y Bonbby Gillespie. Habiéndose inyectado una sana dosis The Beach Boys, The Velvet Underground, el estilo de producción de Phil Spector, unas cuantas ideas adicionales alrededor del rock de garaje y el surf y un sano aprecio por CAN, los muchachos grabaron este disco que se los publicó el sello Blanco y Negro. Los muchachos adoraban la oscuridad y la melancolía al igual que la claridad y la melodía, situación que los llevaba a ser considerados góticos por algunos e indies por otros. Pero ya ven cómo la categorización no puede ser general.
Psychochandy representa esa posibilidad de hacer que el caos y la confusión reinen, causando estragos o haciendo que todo se arrastre entre los tropiezos. Así es como si se siente que el amor reconforta, también aturde. Los estados de equilibrio son poco confiables, a menos que se piense en el ambient. The Jesus and Mary Chain confió en el poder del azar sonoro formado por el feedback, los pitidos de los amplificadores y las estridencias para encontrar la belleza o una expresión de la misma.
Ahora que estoy sumergido, sumido, embebido y untado del amor, tomar este disco significa retornar a los años del jovencito que descubría discos y bandas cada vez que visitaba las tiendas del disco después de salir de las clases de francés de la alianza. Y ahora que veo a la ciudad ampliada y capaz de seguir asombrando, no puedo perder la capacidad de sorprenderme con lo que tengo y con lo que además no tengo. Bogotá es la ciudad que me ha dado tantas cosas y si ahora la veo como esa suma de errores y aciertos que componen esta realidad, el sumarle el componente de temas como Just like Honey, In a hole, You trip me up, My Little Underground, Cut Dead. Never Understand, me hace pensar que la amo, la odio y la deseo más. The Jesus and Mary Chain, tiempo atrás hicieron con el ruido y el del ruido el pretexto sonoro para vivir deliciosamente contaminado (de amor, de ciudad, de vida).
Esta reseña © José Enrique Plata M.

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