El domingo a las siete y treinta de la noche es algo complicado, esta es una hora en la que se vive una especie de ausencia: he acabado de despedirme de mi mujer, tomo la buseta que más se demora para llegar a mi casa; la ausencia se percibe en las fotos que aparecen en medio de la noche incipiente. Pero creo que en cierto modo me gusta tomar esta vía porque puedo escuchar por un buen lapso de tiempo música de mi iPod. Mientras sigo divagando así, examino qué quiero escuchar, y cuando veo el contenido del aparato me doy cuenta que le he tomado un gran gusto al combo de David Lavelle: UNKLE. Mientras me sumerjo en las atmósferas del “Never, never land” la música comienza a hacerse imagen más fácilmente; la soledad de la noche en este domingo me ha puesto en un lugar en el que imagino que esta es música para este momento.
Cada “track” es como una obra que nunca termina de empezar; así mientras el viaje se enreda entre calles, carreras, subidas, se repiten las figuras nocturnas, el cartón en llamas es más frecuente en medio de cada parpadeo. El cadáver durmiente en el andén se entrelaza con una especie de banda sonora que me raspa el tímpano hasta llegar a formar un vacío sublime, un vacío del placer de percibir algo que alimenta el alma...
“Run run run but you sure can't hide
Does our ruin benefit the earth?
Does it help the grass to grow? The sun to shine?
Is this darkness in you too?
Have you passed through this night?”
Cuando he llegado a mi destino, precisamente he logrado disfrutar los doce temas, además de los remixes finales de “eye for an eye” y “safe in mind”. Retiro de mis oídos los audífonos, ya que sería casi un insulto escuchar algo distinto, algo que rompa con esa sensación que me ha permitido alcanzar una canción como “In a state”, esa sensación de estar compenetrado con la ciudad, con la urbe, con la noche, con la calle, con la soledad, con la miseria, con la meditación, con la idea de poder percibir todas estas dimensiones cuando logran conjugarse en un lapso de tiempo, como puede ser la noche del domingo. Música para escuchar en la noche, música para escuchar en la soledad.
Esta reseña © Diego Pacheco

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