Bloque de Búsqueda - Bloque de Búsqueda
En la década de los noventa, la verdad y la mentira convivieron felizmente; las dos bailaron apasionadamente y se gozaron mutuamente. La verdad, hecha música con bandas que nacían de la ciudad y de la inquietud de ellas por hacer que la música no se detuviera; la mentira, porque el engaño estaba hecho disco, hecho el reflejo de una industria musical que no funcionaba pero que tenía que seguir ofreciendo discos para seguir justificando su existir. Las dos forman parte de ese espacio de posibilidades y realidades que es la música en Bogotá.
Dentro de la paranoia habitual y el delirio certero que se tiene al vivir en la capital colombiana, uno empezó a darse cuenta de ciertos patrones comunes a mediados de esa década en materia de realidad sonora: por un lado, la incipiente movida subterránea de 1989 a 1994, que se dio en bares como Barbarie, Barbie, TVG, La Florhisteria, Bolibar, Estación Central, Rotten Rats, Kalimán, Transilvania, Music Factory, Vértigo Campoelías, Acido Bar, etc., lo que nos dio la esperanza de tener algo, aunque sin saber qué; por otro, el despegue de la propuesta de Carlos Vives, quien en 1993 lanzó el disco “Clásicos de la provincia”, en el que se actualizaron temas clásicos del repertorio vallenato colombiano uniéndolo con rock. Esta empresa no hubiera sido posible si no hubiera contado con los buenos músicos que formaron su banda, músicos que, así como habían formado parte de ese mundo subterráneo, tenían sus propias inquietudes alrededor de otras músicas como la salsa, el son, los vericuetos del jazz o la trova, y que no tenían el menor reparo en pasar de uno a otro sin que por ello se sintiese algún tipo de impostura.
Estas dos vertientes nos ofrecieron bandas que en su momento fueron nuestra posibilidad de subsistencia e imaginación, y en las cuales nos fijamos en bares, la radio, algunos espacios televisivos y hasta en las páginas de revistas y periódicos que en ocasiones toman la producción musical hecha aquí como motivo de relleno. Una de las bandas que emergió en aquel momento fue, precisamente, Bloque de Búsqueda. Formada por músicos de larga trayectoria de la talla de Iván Benavides (voz y guitarra), Ernesto Ocampo (guitarra), Mayte Montero (gaitas, maraca y voz), Luis Ángel Pastor (bajo), Carlos Iván Medina (teclados), Alex Martínez (tambora), Gilbert Martínez (congas) y Pablo Bernal (batería), mostraba una nómina sin igual de personajes que llevaban un largo recorrido en el rock y la música tradicional y que encontraron cómo hacer que la música fuese la forma de entender que la tensión y la violencia eran tan risibles como tenaces.
El nombre proviene de un grupo elite de las fuerzas militares dedicado a la persecución de narcotraficantes en los campos y ciudades del país. De esta manera, la nómina de personas capacitadas para estas labores era exclusiva y excluyente (pocos fueron y pocos cuentan quiénes fueron). Pero si eso era el bloque de búsqueda de los militares, el bloque de búsqueda que tuvimos en Bogotá en el área musical se dedicó a combatir la estrechez mental de los que pensaban que el rock iba bien sólo con el rock, o de los que pensaban que los aires tradicionales de Colombia –bien fuera la cumbia, el vallenato, el son guajiro, la champeta, la puya, el chandé o el currulao– se debían quedar sólo en eso. El Bloque volvió a desafiar la idea de tener que hacer rock con sonido nacional metiendo tumbadoras o trompetas, haciendo canciones que sonaban hechas en Bogotá pero con el alma puesta en el país del sangrado corazón en el que vivimos.
Ya en los sesenta, setenta y ochenta hubo artistas que lo hicieron, que grabaron algunas canciones y que lograron llegar a un circuito reducido de personas, canciones en las que los aires locales se volvían mundiales gracias al rock que las permeaba, llamándoseles fusiones (o, mejor, confusiones). Pero este bloque de búsqueda estuvo doblemente beneficiado, pues, por un lado, estuvieron en boca de muchos que al decir “bloque de búsqueda” se referían a ese grupo de búsqueda de personas, animales y cosas, pero también se referían así al bloque de búsqueda de sonoridades que estos músicos encarnaron. Su primer y único disco, publicado en 1996 por el sello Sonolux, se escuchó como la disculpa perfecta para pensar que había rock con alma tropical y popular (no confundir con el “tropipop” de este milenio), que podía hablarnos de temas como el fútbol y la alegría de esto que se llama vida (“Si no fuera por…”), la angustia del ciclo de la vida que se resume a pagar cuentas para sobrevivir (“Hay un daño en el baño”) o de eso que bien se sabe hacer acá para seguir sobreviviendo y no morir en el intento (“Rap del rebusque”).
Les fue bien, pues David Byrne, un señor que ha hecho cosas con otros personajes como Chris Frantz, Tina Weymouth, Jerry Harrison y Brian Eno, decidió lanzar su disco en su sello Luakabop, en 1998. Así, su música, aunque había nacido en las calles de La Candelaria y Chapinero, pasó a ser del mundo.
Bloque de Búsqueda – Bloque de Búsqueda
Año: 1996
Discos Sonolux
1. El Hedor
2. Nena
3. Lo Que Sucede
4. Majana
5. ¡Ay! Dónde Andará
6. Hay un daño en el Baño
7. No Volveré
8. Descarga
9. Despilfarros
10. MacHobayo
11. Milagros
12. Rap del Rebusque
13. Currubuco
14. Danza Invisible
Esta reseña © José Enrique Plata M.

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